La consolidación de la Hermandad (1949 -1969)

La historia de la Hermandad continúa. En 1951 es elegido Hermano Mayor el insigne alcalareño D. Francisco Caraballo Mantecón, que iniciaría al año siguiente la primera de las grandes obras materiales acometidas por la cofradía: la restauración de la Capilla de Ánimas, cuyo coste se estimó en unas ciento diez mil pesetas.

Los cuantiosos daños derivados del incendio del templo sucedido en 1936 ocasionaron que el monto total de las reparaciones a realizar fuese excesivamente elevado, por lo que en el caso de la Capilla de Ánimas el párroco, D. Juan Otero, hubo de limitarse a techarla y, ello aún, muy deficientemente. Dado lo precario del estado de la capilla que acogía a los titulares de la Hermandad, se decidió acometer la obra que resolviese definitivamente la situación. Para ello se contó con la ayuda del Capitán General de la Región Militar de Sevilla, Rada, quien se prestó a enviar soldados para los trabajos de albañilería. La obra consistió, pues, en techar convenientemente y solar y supuso un enorme esfuerzo económico.

Quedaban ya así restauradas las dos capillas de la Hermandad: la del Santísimo Sacramento, que en memoria de D. Agustín Alcalá financió la Asociación de Exportadores de Aceitunas de Sevilla tras acabar la guerra civil, y la de Ánimas, sede las imágenes titulares.

En 1953 sucede en el cargo a Caraballo D. Manuel Gallardo Navas, que dejaría paso a su vez en 1957 a D. José García Bono, cuyo mandato se prolongaría por espacio de diez años.

De esta época es la iniciativa de entregar recibos por asistencia a los cultos, que se tenían posteriormente en cuenta a la hora del reparto de túnicas, debido a la escasez de éstas. Con este recurso se pretendía hacer comprender a los nazarenos que lo importante no era la salida procesional, sino que la principal misión de la Hermandad era precisamente el culto. Reiteradas veces se sigue este sistema, hasta que en 1959 se decide anular las papeletas por asistencia al Quinario “confiando en la buena voluntad de todos los hermanos para la asistencia a tales actos litúrgicos”.

Los estrenos de este período no son numerosos. Entre otros, destacan los siguientes: plateado de juego de jarras del paso de Virgen, algunas varas y treinta túnicas (1956); altar nuevo (1959); varales (1960-1965); confección de palio bordado y estandarte, cuyo presupuesto era de cien mil y nueve mil pesetas, respectivamente (1964). Llama la atención en el capítulo económico la escasa cantidad que suponía el ingreso por papeletas de sitio sobre el costo total de salida de la cofradía. Así, mientras en 1957 se estimaba que este último suponía unas diecisiete mil pesetas, la papeleta de sitio se situaba en treinta pesetas. De estimarse un cortejo procesional de unos ciento cincuenta nazarenos sólo se cubría la cuarta parte del presupuesto. Nada tiene de extraño, pues, que año tras año se encareciera con extremado celo para la petitoria del Jueves Santo, por ser fuente de unos ingresos de todo punto imprescindibles.

Queda, por último, reseñar, que desde la fundación de la Hermandad acudieron a la salida procesional las mejores cuadrillas sevillanas ‑por aquel entonces de profesionales‑ como las mandadas por El Gaseosero, El Francés, Salvador Dorado “El Penitente”, Bejarano y Garrote, por mencionar los más señalados.

 

Volver al índice