Carta del Hermano Mayor

Querido Hermano:

Enrique OliverComenzamos un nuevo año marcado por la juventud que el 2017 ha dejado grabado en nuestros corazones. Un año en el que nuestros jóvenes han demostrado, con una inocente locura, cómo crear proyectos que ilusionen, que contagien, que crean inercias de trabajo en común, y sobre todo confianza, para apoyarlos y trabajar juntos.

Este nuevo año celebramos veinte y cinco años de un Palio con la Historia de nuestra Hermandad bordada en Oro, y con este recuerdo debemos revivir el esfuerzo, el tesón, el sacrificio y el trabajo que muchos hermanos vivieron para crear un sentimiento de Hermandad, consolidando un proyecto en común. Algo que nuestros jóvenes han conseguido rememorar con su ilusión.

Quizás por todo ello, debe ser el año en el que mirándonos en el espejo de la juventud, seamos capaces de transmitir con nuestra actitud, los valores más cristianos. Vivimos en una sociedad marcada por la injusticia, por un exceso de violencia y en particular por la lacra que supone la violencia de género, y solo podremos afrontarlo, contraponiendo un plus de AMOR. Un plus que solo encontraremos en el Señor.

Para los cristianos, la no violencia debe ser la actitud de quien está tan convencido del Amor de Dios y de su poder, que debemos tener la confianza de afrontar todo el mal que nos rodea, con las armas del Amor y de la verdad. Si el “amad a vuestros enemigos” (Lc. 6.27) es considerado la Carta Magna de la no violencia cristiana, debemos entenderlo como la actitud de que solo existe un mandamiento para responder al mal, que no es otro que con el bien.

Nuestro ejemplo es la mejor de las enseñanzas y como vuestro Hermano Mayor, me gustaría pediros que aprovechemos dos oportunidades que nos brinda nuestra Fe.

En primer lugar, con nuestra presencia en los actos de nuestra comunidad parroquial, sobre todo en la celebración de la misa dominical (…entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es tan vital o formativa para la comunidad, como la celebración común de la misa dominical…)[1]

Y en segundo lugar, viviendo con verdadero espíritu cristiano, el tiempo de Cuaresma que nos preparamos a celebrar, emprendiendo un camino de interioridad y oración que nos preparare para gozar de la alegría de la Resurrección. Es el mejor de los momentos para dejar que la palabra de Jesús penetre en nuestros corazones, llegar a comprender quienes somos, y el porqué de nuestro caminar, dejando de esa forma que el AMOR más misericordioso del Señor sea la mejor de las banderas que pueda representarnos.

Vivamos intensamente los Cultos que profesamos durante todo el año a nuestro Santísimo Cristo del Amor y a Nuestra Madre y Señora de la Amargura, enarbolando con orgullo esa bandera que representa nuestra condición de católicos, para que sea la mejor de las herencias que podamos transmitir a nuestros hijos y jóvenes, enseñándoles que el mejor Boletín Cuaresmal que van a recibir es el de tu presencia, participación y trabajo, en la vida parroquial y en el día a día de tu Hermandad.

Que el Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Madre y Señora de la Amargura os colmen de bendiciones  y velen por nuestros familiares.

[1] S. Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Dies Domini sobre la santificación del Domingo