Proyecto Monte Calvario Stmo. Cristo del Amor

 
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“Cargando su cruz, salió al lugar llamado Gólgota, 

que significa la Calavera, y allí le crucificaron”. Jn 9, 17-18. 

I. INTRODUCCIÓN. 

La Hermandad se propone la realización de un monte que complete el portentoso paso del Santísimo Cristo del Amor. Con el acertadísimo criterio histórico y artístico que caracteriza a esta Hermandad, ha sido diseñado un conjunto realista, y a la vez, lleno del simbolismo alegórico de nuestra Semana Santa, para representar el monte Gólgota, o de la Calavera, en el que fue crucificado Nuestro Señor.

Será una pieza de madera tallada y policromada que se colocará sobre el paso de Cristo, dejando en todo su perímetro la anchura suficiente para colocar un friso floral de cara a la estación de penitencia. El tamaño y peso de la obra hace necesaria su división en piezas pero la morfología del conjunto hará que no se aprecien divisiones o uniones, dando un aspecto de conjunto único.

II. ICONOGRAFÍA. 

La pieza está configurada por rocas de variados tamaños y formas que se combinan con zonas de tierra, buscando el realismo propio de un paisaje campestre. Algunas de esas rocas aparecen resquebrajadas. El conjunto presenta un perfil piramidal, de amplia base, siendo el vértice la cruz del Señor. En este perfil general se evitan tanto las líneas rectas, como los elementos excesivamente sobresalientes del conjunto. Es un terreno abrupto, complicado y peligroso. En la zona trasera, las piedras forman unos escalones naturales, semejando una escalera hasta la cruz. Para insistir en el realismo, en la zona superior se colocarán las cuñas de madera introducidas por los sayones judíos para ajustar la cruz al ser insertada en el hoyo practicado en la tierra.

La policromía del conjunto sigue tonos parduzcos muy oscuros, casi negros. El efecto que debe dar el paso en la lejanía debe ser de completa y uniforme oscuridad. Al ver de cerca el conjunto veremos cómo esa negrura es una ilusión óptica ya que se combinan colores pardos y marrones para rocas y tierra, salpicados por tonos verdosos que recuerden a la vegetación. Justo bajo los pies del Señor, unas gotas de color rojo recordarán la sangre derramada de las heridas.

Los modelos para su realización son los montes que poseen en sus respectivos pasos el Crucificado del Calvario, de la Hermandad del mismo nombre, o el Señor de Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Cena, ambos en Sevilla.

III. ICONOLOGÍA.

El conjunto que nos ocupa no sería más que una parte decorativa del paso, si no estuviera cargada de sentido alegórico. Una alegoría es la representación simbólica de ideas abstractas por medio de figuras, grupos de éstas o atributos. A lo largo de la historia de la Iglesia muchos conceptos teológicos han sido representados a través de la alegoría. En este sentido, el conjunto propuesto tiene un alto grado de simbolismo y, por tanto, se hace necesario desgranar su iconología en los siguientes términos:

EL MONTE. Las elevaciones del terreno como montes o montañas son para la mayor parte de las religiones los lugares de encuentro con la divinidad. Así, en Grecia el dios supremo Zeus y los dioses olímpicos moran en el Monte Olimpo, el Fujiyama es para los japoneses la montaña sagrada de los dioses y en Mesopotamia los templos representaban altas montañas de ascenso a los dioses. Al judaísmo y al cristianismo, unidos por una misma tradición, no les es ajena esta identificación entre montaña y divinidad. Muchas son las alusiones a las montañas que aparecen en la Biblia: Moisés recibe las tablas de la ley en el monte Horeb o Sinaí, el monte Garizim es reconocido como Casa de Dios y Puerta del Cielo, el monte Hermón o Monte Sión, el monte Carmelo, el sacrificio de Abraham en el Monte Moriah, la transfiguración en el Monte Tabor, la oración de Jesús en el Monte de los Olivos y, por supuesto, su muerte en el Monte Gólgota. En la montaña está implícita la idea de ascensión, elevación, subida hasta el cielo, o sea, a Dios.

LAS PIEDRAS. El monte está compuesto por rocas de desigual tamaño, algunas de ellas rotas y rajadas. A ellas hace referencia la Escritura en el momento de la muerte de Cristo: “Desde la hora sexta se oscureció toda la tierra (…) el velo del templo se rasgó en dos partes; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron.

LA ESCALERA. En la zona trasera del paso las piedras parecen formar los escalones de una escalera que conduce a la cruz. Su simbolismo se encuentra en la subida de los fieles hasta Cristo, en la búsqueda incesante de su camino y mensaje.

LA CRUZ COMO ÁRBOL. En el monte, la cruz de madera aparece plantada como un árbol. La identificación árbol-cruz dio al Cristianismo el motivo perfecto para enlazar el manzano del Pecado Original con la cruz de la Muerte de Jesús..

LA VIDA. El tono verdoso de la tierra y las piedras simbolizan la Vida. En contraposición la negra oscuridad de las rocas nos hablan de la muerte. Este contraste es una correcta base simbólica para la Redención y la Salvación. A ello se une la sangre derramada sobre la tierra. Siguiendo el símil agrario, la sangre sería semilla de una nueva vida que renace de la tierra en la que ha caído. Ambos símbolos, verdor y sangre, son en realidad el anuncio de la Resurrección.

El significado simbólico del paso se completa con otros dos conjuntos: la luz de las velas y los cuatro evangelistas.

LUZ DE LAS VELAS. Lo que en principio pudiera parecer un elemento utilitario con una funcionalidad muy definida (iluminar con su llama), se trata en realidad de un elemento simbólico de primer orden. La palabra vela o cirio, procede del latín (candere) y su significado es brillar. Se han utilizado como medios de iluminación para el interior de la casas o de los santuarios, y en casi todas las ceremonias de culto y rituales de religiones tanto orientales como occidentales. En el cristianismo, desde el siglo IV, las velas han sido un medio de ofrenda a Dios, a la Virgen y a los santos en acción de gracias o petición. Por tanto, las velas del paso, más que elementos de iluminación, son ofrendas al Señor.

EVANGELISTAS: En las esquinas del paso aparecen los evangelistas sentados, en actitud de escribir y acompañados por sus símbolos tradicionales, llamados tetramorfos. Desde la Edad Media, es frecuente la representación de estos signos. Representan la visión del profeta Ezequiel, como la prefiguración de los cuatro evangelistas:

Aparecía en medio la figura de cuatro seres, cuyo aspecto era el siguiente: presentaban forma humana, pero cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. (…) En cuanto a su semblante presentaban cara humana, pero los cuatro tenían cara de león a la derecha, cara de toro a la izquierda y los cuatro también cara de águila.

San Mateo, es acompañado de un ángel, o un hombre alado, ya que su evangelio comienza por la genealogía de Cristo. En los Santos Padres, el hombre, vendría a ser la representación de la inteligencia.

San Marcos, está asociado con el león pues las primeras palabras de su evangelio aluden al anuncio de Juan el Bautista: Voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor. Así, por añadidura, simbolizaría también el valor.

San Lucas se acompaña de un buey, por iniciarse su Evangelio con el sacrificio de Zacarías, prefigura del sacrificio de Cristo por la humanidad. Alguna interpretación más complicada, sugiere que el buey se relaciona con el aleph, primera letra del alfabeto hebreo, al declarar Lucas en su evangelio que Cristo es alfa y omega, principio y fin. El toro alado es símbolo de la fortaleza.

San Juan aparece con un águila por la hondura y elevación espiritual de su evangelio, que asciende como este poderoso pájaro, del que se decía en la Antigüedad, que era capaz de mirar fijamente al sol sin cegarse.

IV. EPÍLOGO.

El monte proyectado, anhelo de esta Hermandad desde antiguo, será una pieza que enriquezca artística y simbólicamente tanto el paso del Señor como el patrimonio histórico-artístico de la Hermandad.

Agradezco profunda y sinceramente a la querida Hermandad del Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Amargura la confianza puesta en mí para la realización del diseño de este proyecto. Es toda una satisfacción ofrecer al Señor del Amor este trabajo que (D.m.) contemplará desde la Cruz en su paso en la tarde del Jueves Santo alcalareño.

Alcalá de Guadaíra, 1º de Noviembre de 2012,

Solemnidad de Todos los Santos

ENRIQUE RUIZ PORTILLO 

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